Escudo de Torreón

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jueves, enero 13, 2011

Alzas "insignificantes"


20 centavos, el precio de una pieza de pan en 1965, 1/5 de un milésimo de peso actual

Hace 50 años, en enero de 1961, se le comunicó a la población de la Comarca Lagunera que el precio de la leche subiría quince centavos. En efecto, las pasterizadoras “Laguna” y “Nazas” de Torreón, y la “Higiénica” de Gómez Palacio, dieron a conocer que el frasco de un litro de leche pasaría de costar un peso y sesenta centavos, a un peso con setenta y cinco centavos. Esta noticia se difundió en anuncios desplegados en los diarios locales.

Las razones que las pasterizadoras dieron a la Dirección General de Precios de la Secretaría de Industria y Comercio para justificar el aumento de la leche, fueron las siguientes: el aumento de precio en los forrajes, como la harinolina, cascarilla y salvado, los cuales se incrementaron en un 40%, 125% y 20%, respectivamente; incremento en el precio del combustible, 100%; aumento en los salarios, 23%.

Esta noticia fue recibida con gran descontento en todas las centrales obreras, y como es natural, entre las familias humildes. Algunos líderes sindicales protestaron ante el gobernador de Coahuila, por el alza. El mandatario estatal se encontraba en Torreón por esas fechas. Otros trataron de mostrar su inconformidad ante el delegado de Industria y Comercio, quien, al parecer, se ausentó de la ciudad para evitar la confrontación. La Federación Revolucionaria de Trabajadores del Estado de Coahuila se inconformó ante el Presidente de la República.

Quince centavos de aquella época representaban aproximadamente un sexto de la milésima parte de un peso actual. Y por esta “insignificante” suma, la población se sentía agraviada y se manifestaba. La ilusión creada por los “nuevos pesos” mexicanos desde enero de 1993, ha tratado de ocultar y de arrojar al olvido la enorme diferencia que existe entre la capacidad adquisitiva de la población de aquellos años, y la actual.

La pauperización ha sido un proceso continuo para los mexicanos. Nos hemos acostumbrado a la pobreza, a la crisis y a los constantes aumentos en los precios de todo. La supresión de los tres ceros de nuestra moneda en 1993, equivale a la extirpación de la memoria colectiva, a la desaparición de recuerdos políticamente “incómodos”, puntos de referencia para calibrar la verdadera magnitud del desastre económico que se ha venido gestando en México desde los años setenta, y cuyas raíces se encuentran en la administración pública y en la corrupción generalizada.

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